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Las autoridades brasileñas hicieron el mayor papelón de los últimos tiempos, mostrando la falta de comunicación entre dos ministros fundamentales dentro de la política brasileña: el ministro de economía Guido Mantega y el de Desarrollo – de quien depende la cartera de comercio exterior, Miguel Jorge.
La implementación de las Licencias de Importación previas al embarque, fue un retroceso de la política de libre comercio que el presidente Lula tanto defiende desde que asumió la presidencia.
Instrumentar barreras no arancelarias, como son consideradas las licencias no automáticas, borraba con el codo, la defensa de un comercio exterior limpio y amplio, como el que Lula, personalmente, insistía en proclamar para destrabar la Rueda de Doha.
El Ministro de Desarrollo, viaja en una misión comercial a Africa, y en su ausencia, su ministerio implementa la medida.
Lo que se imaginaba como una defensa a la industria nacional, tuvo como principal reclamante a la propia industria nacional brasileña.
La poderosa FIESP – Federación de Industrias del Estado de San Pablo – criticó duramente al gobierno, ya que esta burocracia adicional obligaría a las empresas brasileñas a aumentar sus stocks para no quedar sin insumos, caso las demoras en la importación se acentuaran. El aumento de los stocks redunda en una necesidad mayor de dinero para esta compra (y para adelantar los impuestos y gastos de la importación) y dinero es el bien con menos oferta de la actualidad. ALLI, EL GOBIERNO CONSIGUIO UNIFICAR LA QUEJA. No había un solo sector de la economía doméstica que apoyara la medida.
Telefónicamente, el Ministro Mantega, resolvió con su par Jorge, y con el total aval del Presidente Lula, retrotraer la medida y dejar las importaciones sin necesidad de la licencia previa al embarque, pero esto no quiere decir que todos los productos tendrán licencia automática. Existía un universo de productos, equivalente al 10% del total importado por Brasil que tenían necesidad de licencia de importación previa al despacho (podrían ser embarcados pero el importador requiere de licencia para nacionalizar el producto) o licencia de importación previa al embarque (donde el exportador no puede embarcar la mercadería sin el consentimiento del importador que debió tramitar previamente la licencia de importación previa.
Es de esperar que nuevas medidas se retomen en el corto plazo, pero seguramente el gobierno tendrá cuidado en cómo comunicarlas, y sobre todo, en perfecta armonía entre los integrantes del gobierno.
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